Esta noche, cuando regresas a casa, yo me encuentro en la cocina, observo con detenimiento cada una de tus acciones, me dices que estás demasiado cansado y dándome un casto beso en los labios decides irte a la habitación a cambiarte, yo voy detrás tuyo y me detengo en la puerta, observo cómo te quitas los zapatos y las medias, cuando te dispones a deshacerte de tu pantalón, yo me apresuro, me arrodillo frente a ti y te pido que me permitas hacerlo, tú asientes, así que empiezo por desabrochar tu correa, la quito por completo y la pongo a tu lado sobre la cama, continúo desabotonando y bajando el cierre del vaquero…
Mientras lo bajo, me aseguro de poder rozar tu pene, tú solo me observas, tras bajar el pantalón hasta tus rodillas, bajo tu bóxer negro e introduzco tu miembro en mi boca, succionando con suavidad y dándole unos cuantos besos… Noto cómo crece tu erección, pones tu mano sobre mi cabeza y tomándome del cabello me lo introduces con mayor fuerza… Intento observar hacia arriba, deseo ver tu rostro, tus ojos reflejan una excitación, un deseo que jamás había visto, continuo unos minutos hasta que me detienes, me dices que me levante del suelo, que no quieres que continúe allí pero que recuerde que soy tuya y debo hacer lo que tú me exijas…
Me das tu mano para levantarme e inmediatamente me tumbas en cuatro sobre la cama, levantas mi falda y rompes mis bragas, te deshaces de mi blusa de un tirón, me besas la espalda al tiempo en que me aprietas los glúteos, me das un fuerte azote y tu mano queda marcada en mi cuerpo, sin embargo dices que no es suficiente, tomas la correa que había dejado sobre la cama y me rozas las piernas con ella, cuando llegas a mis glúteos me azotas fuerte, dejándome aún más roja, creando un leve escozor que resulta ser excitante, siento deseo de gritar, el placer invade mi cuerpo, pero no puedo hacer ruido, no quiero que me escuchen, tú vuelves a darme otro azote y me ordenas que grite, deseas escucharme gritar de placer…
Me tiemblan las piernas, tengo mis glúteos rojos, siento calor en todo el cuerpo…
Con un solo movimiento, logras tumbarme sobre mi espalda, y me pides que termine de desnudarme para ti, yo lo hago, intentando no dejar de observarte a los ojos… Me exiges que te observe mientras terminas de desnudar tu torso, sigues siendo tan excitante e intimidante como la primera vez, sin mediar palabra te metes entre mis piernas, besas mi monte de venus y succionas mi clítoris, mueves tu lengua con mucha viveza y haces que me arquee de placer, me muerdes y yo siento que no puedo más, te detienes un poco, pues te gusta mirar cómo ya no puedo controlar mi cuerpo, la pasión, el deseo ya se han apoderado de él, continúas dándome besos, subiendo por mi abdomen hasta llegar a mis senos, con tu mano continuas estimulando mi vagina, succionas y muerdes mis pezones, sabes que no aguanto más y me penetras…
Me penetras una y otra vez, tus embestidas cada vez son con más fuerza, la excitación, el deseo me llevan al clímax, tú continúas penetrándome una y otra y otra vez, sigues observándome a los ojos y con una sonrisa pícara sabes qué deseo, como puedo, logro tumbarte sobre la cama y ponerme arriba de ti, muevo mis caderas de adelante hacia atrás, sintiendo cómo tu pubis hace presión en mi clítoris, no logro sostenerme mucho tiempo, aún me tiemblan las piernas y tú continúas moviéndome, haciendo que tenga un segundo orgasmo…
Tú aún no te encuentras satisfecho, y de nuevo me tumbas sobre la cama, yo me abrazo a ti y araño tu espalda, eso te excita aún más y vuelves a embestir con más fuerza, me muerdes los senos, y te aprietas fuerte contra mí, buscas la manera de encontrar tus ojos con los míos, pero yo ya no logro descifrarte… tras unas últimas embestidas, logras eyacular, me das un tierno beso en la frente y te acuestas a mi lado…
En medio del placer, el cansancio y la satisfacción, con un hilo de voz, logro decirte… Tuya, siempre seré tuya…

Deja un comentario